Phalaenopsis spp., conocidas como orquídeas mariposa, son orquídeas de hojas carnosas y flores simétricas que recuerdan a mariposas en reposo. Destacan por la extraordinaria duración de sus flores, que pueden mantenerse abiertas durante meses. Su elegancia simple y su facilidad relativa de cultivo las han convertido en las orquídeas domésticas más populares.
Originarias del sudeste asiático, las orquídeas mariposa viven como epífitas en bosques húmedos donde se fijan a los troncos. Toleran bien la sombra y la humedad ambiental estable. Se reproducen por semillas microscópicas que germinan en simbiosis con hongos. En conjunto forman elegantes alineaciones de hojas carnosas y flores suspendidas que aportan una sensación de ligereza y sofisticación.
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Suelen alcanzar entre 30 y 70 cm de altura, dependiendo de la especie y el cultivar. Sus hojas carnosas forman una roseta basal, mientras que las varas florales se alargan por encima del follaje, pudiendo superar los 80 cm y portar múltiples flores a lo largo de su tallo.
Tallo
El tallo es monopodial, extremadamente corto y de crecimiento vertical muy lento, quedando oculto por la base de las hojas que crecen de forma alterna y apretada. Esta estructura central no ramificada actúa como el único punto de crecimiento de la planta, desde donde se originan tanto las hojas suculentas como las varas florales.
Raíces
Las raíces son gruesas, cilíndricas y están recubiertas por el velamen, una capa de tejido esponjoso de color grisáceo que absorbe la humedad ambiental y permite la fotosíntesis. Al ser epífita, carece de raíces subterráneas convencionales; su sistema radicular es aéreo y se adhiere con fuerza a las superficies, sirviendo tanto para el anclaje como para la nutrición.
Hojas
Presentan hojas grandes, carnosas y alargadas, dispuestas en una roseta basal. Son de color verde intenso y textura lisa, aunque algunos cultivares muestran tonalidades jaspeadas. Almacenan agua y nutrientes, lo que permite a la planta resistir periodos de sequía. Suelen crecer de forma alterna y acompañan a la planta durante varios años antes de renovarse.
Floración
Florece en diversos momentos del año, especialmente tras un descenso de las temperaturas nocturnas, siendo una de las orquídeas que más fácilmente florece y perdura en ambientes domésticos. Las flores son anchas, con pétalos laterales que simulan las alas de una mariposa y un labelo central con una textura cerosa muy distintiva. Su diseño evolutivo está altamente especializado para atraer polinizadores específicos, garantizando que el polen se adhiera a ellos de forma precisa para asegurar la formación de cápsulas de semillas.
Fruto
Tras la floración, desarrolla cápsulas alargadas y delgadas, típicas de las orquídeas, que pueden alcanzar hasta 20 cm de longitud. En su interior se encuentran miles de semillas diminutas y polvorientas que se liberan por una abertura longitudinal. En cultivo doméstico, la fructificación es poco frecuente si no hay polinización manual.
Longevidad
Lejos de ser una planta de «usar y tirar», esta orquídea tiene el potencial de florecer año tras año durante más de 15 o 20 años si se cuidan sus raíces aéreas. Aunque en los hogares suele vivir entre 5 y 8 años debido a descuidos en el riego, si se le proporciona un ambiente con luz filtrada, fertilización regular y una diferencia de temperatura nocturna que estimule su ciclo, puede convertirse en una veterana del hogar, produciendo varas cada vez más ramificadas y cargadas de flores en cada temporada.
Especies
El género Phalaenopsis incluye unas 70 especies botánicas y miles de híbridos cultivados, resultado de décadas de selección y cruce. Existen variedades con flores grandes y redondeadas, otras más pequeñas y abundantes, e incluso miniaturas ideales para espacios reducidos. Los colores abarcan desde el blanco puro hasta rosas, púrpuras, amarillos y combinaciones bicolores o moteadas. Esta enorme diversidad convierte a las Phalaenopsis en las orquídeas más populares y accesibles para aficionados y coleccionistas.
Cuidados
Luz
Necesitan luz abundante pero siempre filtrada, ya que el sol directo daña rápidamente hojas y raíces. En interior deben colocarse en una ventana muy luminosa orientada al este o norte, o con cortina ligera, condición clave para la floración.
Temperatura
Las phalaenopsis prefieren climas cálidos y estables, con un rango ideal de 18 a 28 °C, especialmente durante el crecimiento activo. No toleran temperaturas por debajo de 15 °C, ni calor prolongado por encima de 32–34 °C, que puede frenar la floración y dañar raíces.
Riego
Requieren un riego moderado, manteniendo su sustrato ligeramente húmedo pero nunca encharcado. Lo ideal es regarlas una vez por semana en climas templados y con mayor frecuencia en verano, dejando que las raíces se sequen parcialmente entre riegos. Sus raíces aéreas también absorben humedad, por lo que agradecen un ambiente con buena ventilación y humedad ambiental equilibrada. El exceso de agua es la principal causa de problemas, ya que puede provocar pudrición.
Ambiente
Prefieren una humedad ambiental media-alta, entre el 50 y 70 %. En interiores secos conviene colocar un plato con agua y piedras bajo la maceta, o usar humidificadores, siempre evitando que las raíces queden en contacto directo con el agua. También agradecen pulverizaciones ligeras en el entorno, pero nunca sobre las flores, ya que el exceso de humedad en los pétalos puede acortar su duración o favorecer enfermedades.
Sustrato
No crecen en tierra común, sino en mezclas muy aireadas que imitan su hábitat epífito. Lo más habitual es cultivarlas en corteza de pino de distintos tamaños, a veces combinada con perlita, carbón vegetal o musgo sphagnum, que ayudan a retener algo de humedad sin comprometer la ventilación. El sustrato debe permitir que las raíces respiren y drenen rápidamente el agua de riego. Se recomienda renovarlo cada 2 o 3 años, cuando la corteza comienza a descomponerse.
Abonado
Agradecen un abonado orgánico suave y regular durante su fase de crecimiento y floración. Se pueden aplicar extractos líquidos de compost, té de humus de lombriz o preparados de algas marinas, diluidos y administrados cada dos o tres semanas, en el agua de riego. Es preferible usar dosis bajas y frecuentes, ya que sus raíces son sensibles a la acumulación de sales. Durante el invierno, o cuando la planta está en reposo, no es necesario abonar.
Cultivo
Las Phalaenopsis se cultivan en macetas transparentes que permiten observar el estado de sus raíces y facilitan la fotosíntesis, ya que estas también captan luz. Trasplántalas cada 2 o 3 años, en primavera, cuando el sustrato de corteza comienza a descomponerse o la planta ha llenado completamente la maceta. Durante el proceso puedes eliminar raíces dañadas y se coloca la planta en sustrato fresco y aireado, evitando regar durante unos días para que las raíces cicatricen.
Hidroponía
Se adapta muy bien a hidroponía porque en la naturaleza vive con raíces expuestas al aire y a la humedad. Lo ideal es un sistema con raíces suspendidas o en arlita gruesa, sin inmersión total, y con pulverizaciones frecuentes o humedad constante. La solución nutritiva debe ser muy diluida y renovarse con frecuencia, y es fundamental una buena ventilación para evitar pudriciones.
Poda
No requieren poda de hojas, salvo que estén secas o dañadas. Lo más importante es el manejo de las varas florales: una vez que las flores se marchitan, se puede cortar la vara desde la base si se ha secado, para que la planta concentre energía en nuevas hojas y raíces, o bien recortarla por encima de un nudo si sigue verde para intentar estimular una refloración lateral. En cualquier caso, se deben usar herramientas limpias y afiladas para evitar infecciones.
Propagación
La multiplicación no es tan sencilla como en otras plantas, ya que no producen hijuelos en la base. La forma más común es mediante “keikis”, pequeños brotes que aparecen en las varas florales o en la base de la planta. Una vez que desarrollan raíces de varios centímetros, pueden separarse con cuidado y plantarse en su propio sustrato.
¿Algo más?
Sus hojas carnosas pueden acumular polvo, por lo que conviene limpiarlas suavemente con un paño húmedo, sin usar abrillantadores ni productos químicos. También es importante revisar las raíces y el sustrato de vez en cuando, retirando aquellas que estén secas o podridas.
Las orquídeas mariposa son muy apreciadas como plantas de interior por su elegancia y floración prolongada. Aportan sofisticación y serenidad en espacios luminosos y modernos. Ideales para salones, oficinas o ambientes minimalistas donde se busca un toque tropical refinado.
Acompañantes
Combinan bien con otras orquídeas de interior que comparten necesidades similares de luz y humedad, como Dendrobium o Paphiopedilum. También pueden situarse junto a helechos, Spathiphyllum o Calathea, que aportan un follaje verde decorativo y ayudan a mantener la humedad ambiental.
Sus hojas carnosas almacenan agua y realizan fotosíntesis durante todo el año, pero además sus raíces aéreas están cubiertas por un tejido esponjoso llamado velamen que cambia de color según la humedad, volviéndose verde cuando está hidratado. Este velamen no solo absorbe agua del aire y de la lluvia, sino que también protege la raíz de la luz intensa y de daños mecánicos, una adaptación clave para la vida epífita.
Ecológica
Viven en selvas tropicales del sudeste asiático y Australia, creciendo sobre troncos y ramas sin parasitarlos. Sus flores planas y simétricas están diseñadas como plataformas de aterrizaje para insectos polinizadores, principalmente polillas nocturnas, atraídas por su aroma suave al atardecer. En la naturaleza, las raíces aéreas capturan humedad, polvo y restos orgánicos, contribuyendo al ciclo de nutrientes del bosque. En interior, su crecimiento pausado y su adaptación a luz filtrada las convierten en compañeras estables y poco invasivas.
Histórica y cultural
Comenzaron a llegar a Europa en el siglo XIX durante la fiebre por las orquídeas, cuando eran consideradas auténticos tesoros exóticos. Su nombre proviene del griego phalaina (“mariposa nocturna”), por la forma de sus flores. En el siglo XX, el desarrollo de técnicas de cultivo in vitro permitió su producción a gran escala, convirtiéndolas en las orquídeas más populares del mundo. Hoy simbolizan elegancia duradera y serenidad, y son apreciadas tanto por su belleza como por la extraordinaria adaptación que esconden tras su apariencia delicada.
Problemas y remedios
Hojas blandas o arrugadas
Suele deberse a riego insuficiente o daño en las raíces. Aunque la superficie del sustrato parezca húmedo, las raíces pueden haber estado demasiado tiempo sin humedad. Retira la planta, revisa las raíces (deben ser firmes y verdes/grises), y riega sumergiendo todo el tiesto en agua tibia durante 10–15 minutos. Deja escurrir bien.
Hojas amarillas o que se caen
Es normal que las hojas más viejas amarilleen y se caigan con el tiempo. Pero si ocurre en hojas nuevas, puede ser por exceso de riego o luz directa intensa. Riega solo cuando las raíces se vean grises y evita el sol directo fuerte (mejor luz indirecta brillante).
Flores que se marchitan rápido o capullos que no abren
Puede deberse a cambios bruscos de temperatura, corrientes de aire o poca humedad ambiental. Evita colocar la orquídea cerca de calefactores, ventanas frías o puertas. Mantén una humedad ambiental media-alta (puedes usar un plato con piedras y agua bajo la maceta).
Raíces marrones o blandas
Signo claro de exceso de agua y falta de aireación. Usa siempre sustrato especial para orquídeas (como corteza de pino), y asegúrate de que el recipiente drene bien. Si las raíces están podridas, corta las dañadas con tijeras limpias y desinfectadas.
Hojas con manchas negras o blandas
Podrían ser quemaduras solares o infecciones fúngicas. Si la planta estuvo expuesta a sol directo, protégela con una cortina o muévela. Si hay señales de hongos, retira la hoja afectada y aplica un fungicida suave.
Varas florales secas o sin floración
Después de florecer, la vara puede secarse (puedes cortarla desde la base) o quedarse verde (puede volver a florecer desde un nodo). Para estimular una nueva floración, proporciona buena luz y un ligero descenso de temperatura nocturna durante unas semanas.