Cómo cuidar el ciclamen (Cyclamen persicum)
Cyclamen persicum

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Cyclamen persicum

Ciclamen

Cyclamen persicum

División: Angiospermas
Clase: Eudicotiledóneas
Orden: Ericales
Familia: Primulaceae

💗 Cyclamen persicum, conocido simplemente como ciclamen, es una planta tuberosa de hojas en forma de corazón y flores que parecen mariposas invertidas. Destaca por el elegante giro de sus pétalos, que se curvan hacia arriba como si flotaran sobre el follaje. Su floración invernal aporta color y delicadeza en los meses fríos, convirtiéndola en un símbolo de constancia y ternura.

Originario del Mediterráneo oriental, el ciclamen crece de manera natural en bosques frescos, claros rocosos y laderas sombreadas con suelo ligero. Tolera bien el frío moderado y los periodos secos, entrando en reposo cuando el calor es intenso. Se reproduce mediante semillas, que dan lugar a nuevas plantas cada temporada. En grupo crea tapices bajos y floridos que iluminan los rincones sombríos durante el invierno.

📋 También se la conoce como

ciclamen de floristería, ciclamen persa o violeta de los alpes

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Descripción

Tamaño

Esta pequeña planta tuberosa mide entre 10 y 30 centímetros de altura, dependiendo de la variedad. Su crecimiento es lento y estacional, completando su desarrollo durante el invierno. En maceta mantiene el mismo porte, aunque su floración puede ser más prolongada.

Tallo

El tallo es subterráneo y está transformado en un tubérculo redondeado y aplanado que actúa como órgano de reserva. De su parte superior brotan las hojas y las flores, mientras que en la inferior se desarrollan las raíces finas que lo anclan al suelo.

Tubérculo

Posee un tubérculo subterráneo redondeado y aplanado, de textura firme. Este órgano almacena nutrientes y agua, permitiendo a la planta superar el calor y la sequía estival y rebrotar con hojas y flores al llegar el otoño.

Hojas

Las hojas son acorazonadas, con el borde algo dentado y un tacto suave y carnoso. Muestran un verde oscuro con dibujos plateados o grisáceos en el haz y un tono rojizo en el envés. Están adaptadas al frío y la sombra, y su textura firme evita la pérdida de agua durante el invierno.

Floración

Florece durante el invierno y la primavera temprana, iluminando los rincones sombreados con sus tonos delicados. Las flores se elevan sobre largos pedúnculos y tienen pétalos invertidos, finos y sedosos, que se curvan hacia arriba como pequeñas alas. Este diseño permite que los insectos accedan al néctar desde la base y evita que el agua o el frío dañen el polen.

Fruto

Tras la floración, el pedúnculo se enrolla hacia el suelo y acerca el fruto a la tierra. El fruto es una cápsula redondeada que se abre al madurar, liberando semillas de color beige cubiertas por una sustancia dulce. Este recubrimiento atrae a las hormigas, que las transportan y facilitan su dispersión.

Longevidad

El tubérculo del ciclamen puede vivir de 10 a 20 años si se cuida adecuadamente. En ambientes frescos y con reposo estival bien marcado, las plantas se renuevan cada otoño, floreciendo con más abundancia a medida que envejecen.

Variedades

Cyclamen persicum ha dado lugar a una amplia gama de híbridos hortícolas, seleccionados por la forma y el color de sus flores. Destacan las variedades ‘Metis’, de pequeño tamaño y floración prolongada; ‘Halios’, de flores grandes y pétalos rizados; y ‘Latinia’, de colores intensos y hojas decorativas. También existen cultivares miniatura y perfumados, como ‘Sierra’ o ‘Victoria’, creados para prolongar la floración y adaptarse a interiores luminosos y frescos.

Precaución

El tubérculo contiene saponinas tóxicas que pueden causar vómitos o diarrea. Es recomendable mantenerla fuera del alcance de animales domésticos y niños pequeños.

Ciclamen (Cyclamen persicum)

Cuidados

Luz

Necesita buena luz pero sin sol directo. Colócalo en un lugar luminoso y fresco, como una terraza orientada al este o un rincón sombreado del jardín. En sombra excesiva florecerá menos, y con sol fuerte las hojas se quemarán.

Temperatura

El ciclamen disfruta de temperaturas frescas, entre 10 y 18 °C. No tolera el calor intenso y sufre por encima de 25 °C. En invierno puedes mantenerlo al aire libre si no hay heladas fuertes; si las hay, protégelo bajo un porche o cubierta.

Riego

Riega con frecuencia moderada, manteniendo el sustrato ligeramente húmedo pero nunca encharcado. Evita mojar el centro del tubérculo; lo ideal es regar por debajo o por el borde de la maceta. Reduce el riego durante su reposo estival.

Ambiente

Le gusta la humedad ambiental media-alta. En climas secos o ventosos, conviene pulverizar agua alrededor (nunca sobre las flores) o colocar la maceta sobre un plato con guijarros húmedos para mantener un entorno más fresco.

Sustrato

Usa un sustrato suelto y rico en humus, con buen drenaje. Una mezcla de turba, perlita y algo de compost funciona muy bien. En tierra de jardín, mejora la estructura añadiendo arena o grava fina.

Abonado

Durante la floración, aplica un fertilizante líquido cada 15 días, preferiblemente orgánico o bajo en nitrógeno. Suspende el abonado cuando pierda las hojas y entre en reposo.

Cultivo

El ciclamen prefiere macetas ajustadas al tamaño del tubérculo. Trasplántalo al final del verano, justo antes de que empiece a brotar. No entierres del todo el tubérculo: deja su parte superior ligeramente visible para evitar pudriciones.

Poda

No requiere poda, pero sí una limpieza regular de hojas amarillas y flores marchitas. Retira los tallos completos tirando suavemente desde la base, así evitarás la aparición de hongos.

Propagación

Se multiplica principalmente por semillas, que germinan mejor en sustrato húmedo y fresco, a la sombra. También puede dividirse el tubérculo en ejemplares viejos, aunque es un proceso delicado.

¿Algo más?

Es muy útil girar la maceta un cuarto de vuelta cada pocos días para que las hojas no se inclinen hacia la luz y el crecimiento quede equilibrado. Además, conviene retirar las flores marchitas tirando suavemente del pedúnculo entero, en lugar de cortarlo, para evitar que queden restos que favorezcan hongos. Un pequeño acolchado con grava fina ayuda a mantener la base del tubérculo seca.

Ciclamen (Cyclamen persicum)

Consejos

Ubicación

El ciclamen se usa sobre todo para dar color a exteriores frescos durante el invierno. En jardineras, borduras o rocallas sombreadas crea composiciones muy vistosas. También luce genial en macetas colocadas en ventanas o porches resguardados del sol directo.

Acompañantes

Combina muy bien con helechos, hiedras, violetas, pensamientos, calceolarias o begonias. También puedes asociarlo con plantas de follaje oscuro o plateado para resaltar sus flores. En jardines sombreados convive bien con hostas y ajugas.

Conócelas también aquí: Nephrolepis exaltata, Hedera helix, Viola tricolor, Viola odorata, Begonia tuberhybrida.

Ciclamen (Cyclamen persicum)

Foto de Aventura Botánica

Curiosidades

Botánica

🌸 Sus hojas en forma de corazón presentan patrones plateados que no son simples adornos, sino zonas donde la epidermis refleja la luz y ayuda a regular la temperatura de la hoja en invierno, evitando que se enfríe demasiado. Además, su tallo floral realiza un movimiento fascinante: cuando la flor se fecunda, el pedúnculo comienza a enrollarse en espiral hacia abajo, acercando la cápsula de semillas al suelo para protegerla del frío y facilitar su dispersión. Y su tubérculo, duro y oscuro, funciona como una despensa subterránea capaz de almacenar suficiente energía para sobrevivir veranos completos de sequía.

Ecológica

🦋 En su entorno natural, el Cyclamen persicum vive en bosques y laderas rocosas de Oriente Próximo y la cuenca mediterránea oriental, donde florece justo cuando casi nada más lo hace: a finales del invierno. Sus flores, aromáticas y erguidas al revés —con los pétalos hacia arriba—, sirven de faros para abejas pequeñas y polillas diurnas que buscan néctar temprano en la temporada. Cuando madura la cápsula de semillas, estas se recubren de un arilo dulce que atrae a las hormigas; ellas las transportan y las entierran, ayudando a la planta a colonizar nuevos rincones en un proceso llamado mirmecocoria. Así, un ciclamen puede crear pequeñas “familias” dispersas por el bosque gracias al trabajo silencioso de estos insectos.

Histórica y cultural

📚 El Cyclamen persicum fue cultivado por griegos y romanos, que lo apreciaban tanto por su belleza como por sus propiedades medicinales, aunque su tubérculo es tóxico si se consume sin preparar. En el siglo XVIII llegó a los invernaderos europeos, y el siglo XIX vio el nacimiento de las primeras variedades hortícolas, que pronto se convirtieron en emblema de la jardinería invernal. También aparece en arte y literatura como símbolo de protección del hogar y renacimiento, floreciendo cuando el frío aún gobierna. Hoy sigue siendo uno de los heraldos más dulces del final del invierno, una pequeña joya que ilumina los días más grises.

Ciclamen (Cyclamen persicum)

Foto de Aventura Botánica

Problemas y remedios

Hojas amarillas o marchitas

Suele deberse a exceso de riego o a temperaturas demasiado altas y aire seco. El ciclamen necesita un lugar fresco con buena ventilacion y un sustrato húmedo pero no encharcado. Si el ambiente es cálido, las hojas amarillean y la planta entra antes en reposo. Mantén también el sustrato ligeramente húmedo, pero evita el exceso de riego.

Hojas blandas o caídas

Indican exceso de agua o pudrición del bulbo. Asegúrate de que la maceta tenga buen drenaje y riega siempre desde abajo (por inmersión breve o en el plato) para evitar que el agua toque el centro de la planta.

Flores marchitas o deformadas

Puede deberse a calor excesivo, corrientes de aire o a que la planta está terminando su periodo de floración. Mantén el ciclamen en un lugar fresco y luminoso, y retira las flores secas girando suavemente el pedúnculo.

Hojas con manchas marrones o grises

Suelen ser hongos (botritis) por exceso de humedad ambiental o riego. Mejora la ventilación, evita mojar el follaje y aplica un fungicida suave si el problema se extiende.

Falta de floración o capullos que no se abren

Puede ocurrir por falta de luz, exceso de calor o fertilización inadecuada. Coloca la planta en un sitio muy luminoso pero sin sol directo y abona cada dos semanas con fertilizante para plantas de flor mientras esté en crecimiento.

Hojas enrolladas o con aspecto retorcido

Generalmente por ataques de ácaros o trips. Revisa el envés de las hojas, mejora la ventilación y aplica tratamientos ecológicos como jabón potásico o aceite de neem.

Tubérculo blando o podrido

Se debe a exceso de agua o a sustrato demasiado compacto. Extrae el bulbo, elimina las partes afectadas, aplica canela o fungicida, y replanta en sustrato nuevo, suelto y bien aireado.

Planta marchita tras la floración

Es normal: el ciclamen entra en reposo. Reduce el riego progresivamente, deja que el follaje se seque por completo y guarda el bulbo en un lugar seco y fresco hasta la próxima temporada.

Ciclamen (Cyclamen persicum)

Foto de Aventura Botánica

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